Granada a 9 de Junio de 2007

 
        Resulta casi mágico -como si por un pasadizo secreto en el tiempo nos hubiésemos deslizado- pasear los ojos por entre las mesas y comprobar con cierta dosis de incredulidad, que estamos aquí, los mismos que hace 25 años compartíamos asientos de madera vieja, en aulas que ya no existen, en una facultad que ya no es la nuestra, recibiendo los conocimientos que habrían de permitir que anduviésemos nuestros caminos. Y como si de una verdadera paradoja de espacio y tiempo se tratase, esos caminos nos han traído aquí, a esta noche, en la que volvemos a estar juntos.

        Me asalta la tentación -yo creo que es comprensible- de zambullirme en la nostalgia y, echando la vista atrás, navegar por los recuerdos y escarbar en la memoria y contar alguna anécdota que nos transporte a aquella época. No creo sin embargo que eso sea necesario. Cada una de nuestras vidas está unida por un lazo indeleble con aquellos apuntes tomados a toda prisa, con las extravagancias de muchos de nuestros docentes, con el oral de "micro", con aquel polvo blanco cristalino, con los ratos interminables de risas y charlas en la "pecera" y con aquel bar minúsculo, siempre lleno, siempre abierto.

        Después de 25 años, al contemplar la Orla de nuestra promoción, podemos constatar que aquellos rostros siguen llevando nuestros nombres, aunque ahora dan cobijo a un puñado de arrugas, algunas canas y algún kilo de más que nos informan del paso del tiempo. Pero, después de los ratos que hemos estado compartiendo en estos días, resulta gratificante comprobar algo muy simple: seguimos siendo nosotros. Aunque el envoltorio se haya gastado un poquillo, seguimos siendo nosotros. Alguien dijo que "lo importante no es que el tiempo pasa, sino lo que nos pasa con el tiempo". Y lo que nos ha pasado a nosotros, está escrito en el fondo de nuestras miradas. Nuestras caras reflejan éxitos y logros que tiempo atrás nos propusimos alcanzar, reflejan también algún que otro sueño roto que se nos estrelló en el alma, pero sobre todas las cosas, nuestras caras reflejan el cariño inmenso que seguimos sintiendo por aquellos momentos de ilusiones sin estrenar, cuando todo estaba por hacer.

        Quiero levantar mi copa y brindar por cada uno de nosotros, por los de ahora, por los de este momento. Aquellos muchachos y muchachas que nos contemplan desde el pasado están aquí y ahora dispuestos a convertirse en los muchachos y muchachas que recordaremos dentro de otros 25 años. Mientras llega ese instante, espero y deseo de todo corazón que la vida nos sea propicia..

¡Por nuestra promoción!

Joaquín Moreno Casco

 

 

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